Una fría noche de invierno acompañada de luna llena, íbamos camino de subir la montaña y al llegar a lo más alto pudimos observar el bonito paisaje de toda la ciudad iluminada, en ese mismo momento, él me cogió de la mano y pude sentir como mi cuerpo se estremecía, como mi sangre fluía mucho más rápido de lo normal, como mi corazón se aceleraba, mi respiración se hacia algo más prolongada, mis mejillas se sonrojaban y se ponían calientes... en ese mismo momento, descubrí que la llama de nuestra relación aún sigue encendida, siempre creí que esa llama jamás existió, que solo fueron sueños que en un pasado fueron reales, pero no, me di cuenta de que todo sigue siendo tal real como la luna.
La luna llena siempre nos acompañó, incluso en los momentos más difíciles, mirabas al cielo y siempre estaba ahí, observándote desde lo más alto, acompañándote en los momentos en los que más solo te sentías y te daba esperanzas de que algo mejor iba a venir, siempre creí en las típicas historias que te cuentan tus padres o abuelos antes de ir a dormir cuando eras pequeño, aquella noche me di cuenta de que la fantasía y la realidad, solo están separadas por una simple barrera. Me di cuenta de muchas cosas, entre ellas me di cuenta de que estaba enamorada... enamorada de una ser no muy adecuado para mi, la típica historia de la bella y la bestia, pues se ha convertido en algo más que un simple cuento para niños pequeños, en mi historia, se dice que es real.

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