Encerrada, así despertó ella, encerrada en una habitación
con una pequeña ventana, en la que podía ver el sol o la lluvia, estuvo así 10
días, ya que había estado en contacto con un positivo, pues le dijeron que se
mantuviera aislada del exterior, su única vía de contacto era aquella ventana,
ahí en ese momento, se dió cuenta de que aquello sería algo pasajero, que esos
días pasarían volando, pero claro, cuando alguien está esperando a que llegue
cierto día, eso se hace eterno.
Intentó buscar distracción, como leer, escribir, bailar,
hacer puzles… y sí, al final dió con su salvación, su salvación fue hacer
meditación, y ahora diréis, ¿encerrada en una habitación? Pues sí, le dió por
hacer meditación, mediante la práctica del yoga, aprendió a escucharse a sí
misma, a escuchar todo aquello que su cuerpo le decía, a sentirse bien y sobretodo, estar en paz con uno mismo.
Y, es que nunca sabemos que es aquello que nos hace
realmente bien, hasta que no llegas a un nivel extremo, a veces el sentir, el
sabernos escuchar a nosotros mismos, a saber pensar más en uno que en los
demás, el encontrar un momento para nosotros, esa es una clave para nuestra
felicidad y bienestar.



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