Me sumergí en aquellos recuerdos del verano, me hundí en lo más hondo del mar, en busca de paz y tranquilidad, y a la que me di cuenta estaba en otro mundo, lleno de paz, de silencio, de calma, un mundo donde el tiempo se paralizaba totalmente, dejabas de lado, aquella sensación de que el tiempo se te escapa, que llegas tarde a todos sitios, pues ahí abajo, no hay espacios para el tiempo, solo se trata de fluir y dejarse llevar por la corriente marina, ella te guía y te adentra en los más profundo.

Me sentía tan bien, estaba totalmente extasiada por aquel sentir, aquel palpitar, donde solo escuchaba mi respiración y mi corazón haciendo BUP, BUP,  BUP! Aquello se convirtió en mi melodía particular, era mi música, era mi calma, saliendo de mí, como algo tan simple puede hacerte viajar tan lejos, sin apenas haberte movido del lugar.

Abrí los ojos  y pude apreciar aquellos peces nadar, aquellos cangrejos en las rocas, el vaivén de las algas bailar con el agua, un sinfín de instantes maravillosos, nadaba como un pececillo en el agua con mi bombona de oxígeno en la espalda y mi cinturón con plomos para mantenerme a nivel, era sin duda, una experiencia única e inolvidable, miles de sensaciones se apoderaban de mí, el conocimiento de otro paraíso, oculto, sumergido ante nuestros ojos pero lleno de vida.

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