Quisiste refugiarte en alguien, en recibir un apoyo pero lo único que recibiste fue pura indiferencia, cero empatía y mucho rechazo, tanto, que al final dejaste de saber quién eras, que tal de importante eras para esa persona o si alguna vez lo fuiste, sus palabras se desvanecieron, se fueron esfumando por el aire sin compañía de algún acto, si no hay respuesta, también esa una respuesta, probablemente nunca le importante, fuiste un juguete, te usaron hasta romperte y una vez roto, dejaste de funcionar.
Es duro abrir los ojos y más si es en una situación delicada o en medio de tanto caos, te hundiste, veías tu final demasiado cerca y tu fe y esperanza también se fueron, te quedaste solo en mitad de la nada y lo único que sentías era rabia, impotencia, debilidad y ganas de morirte, tus días dejaron de ser de color a ser completamente grises y negros, sentiste que no tenías nada más que hacer, que tu dolor era demasiado fuerte y no podías seguir, ya no tenías ninguna pequeña esperanza en ti, tiraste la toalla al vacío y solo te quedaba llorar.
Llorabas de desamor, de rabia, de decepción, de debilidad, de impotencia, de dolor, de soledad... todo aquello que fuiste acumulando en tu interior salió a la luz y ya no tenías ninguna fuerza por ocultarlo, te hundiste.
En ese momento te hiciste una pregunta, me merezco esto? Y ahí fue cuando sacaste fortaleza, la debilidad se achicó y el miedo desapareció, empezaste a sentir un poco de esperanza y le plantaste cara a tanto caos, costó y costó muchísimo, pero conseguiste superarlo y romper vínculos.
Una vez se rompió el vínculo, empezaste a creer en ti, en sentirte mejor, en empezar de nuevo y esta vez, mucho más fuerte que antes. Nunca te rindas.



Comentarios
Publicar un comentario