Te di mucha prioridad, más de la que quizá merecías, hacía mil y una locuras con tal de poder verte y un día me di cuenta, que mi esfuerzo no tenía recompensa, que daba mucho y recibia poco, así que dejé de prestarte atención y me centré en si me apetecía o no y por sorpresa mía, descubrí que ya no tenía ganas de saber de ti, así que me puse a mimarme y a darme esa atención que tu no me dabas. Un nuevo abanico se abrió ante mis ojos dándome paz y alegría.
Comentarios
Publicar un comentario