Me prometí a misma no me defraudarme, aprender de los errores del pasado, ser más fuerte y saber lo que merezco. Ahí todo bien, hasta que sin darme cuenta empecé a regalarle mis mejores sonrisas, alegrías, sueños, historias con final feliz, positivismo, esfuerzo... y cuando me di cuenta, ya no tenía nada, todo mi ser, se desvaneció de la noche a la mañana, me quedé sin alegría, sin mi positividad, me sentí sola y vacía.

Sin ser consciente había invertido demasiado esfuerzo, lo había ayudado en más de una ocasión sin esperar nada a cambio. Y una vez más, la vida me demostró que no se puede ser buena persona, que no puedes confiarte de alguien solo porque te sea amable y educado, ni tampoco porque te venga de transparente y después sea más oscuro que otra cosa. Tampoco te fíes de esa mirada tímida y esa cara de buenazo, pues esos parecen ser los peores, te chupan hasta tu última gota de sangre, sin piedad ninguna.

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